lunes, 23 de febrero de 2009

El vendedor de televisores

Fernando es un hombre pacífico, su vida es rutinaria y un poco gris, vive en la misma casa en la que nació, sólo desde que murió su madre, hace ya 3 años, pero no le importa, le gusta la soledad.
Es vendedor de televisores, en la misma empresa desde hace 30 años, ha vendido 10.952 aparatos hasta este momento, le gusta llevar la cuenta, aunque no consigue recordar el rostro de ningún comprador, es como si llevara 30 años vendiendo el mismo televisor a la misma persona.
Ya he dicho que su vida es rutinaria, aunque una vez… le ocurrió algo sorprendente, un hecho que, aparentemente, no alteró su vida, todo siguió igual, sin embargo, desde entonces él se siente diferente porque por primera vez tiene algo excepcional que contar, aunque todavía no se lo ha contado a nadie y probablemente no lo haga nunca.
Desde hace 30 años, de lunes a viernes, come en una casa de comidas cerca del trabajo, la relación con sus compañeros es cortés, pero él prefiere comer sólo; los lunes cocido, los martes croquetas, los miércoles lentejas…, siempre en la misma mesa, en el mismo rincón.
Aquel día se sentía observado y al levantar la vista se encontró con unos ojos de mujer que le miraban fijamente, disimuló y miró para otro lado, pero al momento, sin poder evitarlo, volvió a mirarla, ella no había apartado la mirada, seguía observándole fijamente, a pesar de estar acompañada por un hombre. Era una mujer menuda, nada en ella llamaba especialmente la atención, pero tenía una fuerza en la mirada que era imposible ignorar.
Fernando estaba muy turbado, aquello rompía sus esquemas, decidió ir al baño para refrescarse, se lavó la cara y cuando levantó la cabeza la vio a través del espejo, ella estaba allí, le había seguido y ahora se encontraba detrás de él y le habló con voz dulce pero muy segura: ¿Puedes abrazarme por favor? Fernando buscó nerviosamente el papel para secarse y ganar tiempo y mientras se giraba sólo se le ocurrió decir: ¿Qué? Ella repitió en el mismo tono: ¿Puedes abrazarme por favor? Y se acercó y apoyó la cabeza en el pecho de él y Fernando dejó de pensar y la estrechó entre sus brazos, no tenía ni idea del tiempo que habían estado así, abrazados, muy juntos y sin decir nada, luego ella se separó y le miró como si acabaran de hacer el amor, después se marchó.
Él regresó a su mesa, ella estaba de nuevo junto a su acompañante y no volvió a mirarle, al poco rato, ella llamó al camarero y pagó la cuenta, se pusieron de pie y sólo cuando la mujer le puso la chaqueta por encima de los hombros al hombre que la acompañaba, sólo entonces Fernando se fijó en él y vio que no tenía brazos.

1 comentario:

ana ferreira dijo...

ÁNIMO CON LA COSA DE ESCRIBIR, REQUIERE VALOR Y CONFIANZA Y ALIMENTA EL ESPÍRITU Y LA VIDA. ENHORABUENA.