viernes, 26 de febrero de 2010

SE FUE

con la luz pariendo entre los visillos, se fue. La compañía aferrada durante tantos años, la compañía hostil. Desde una esquina del dormitorio mira con ojos sarcásticos porque sabe que es más fuerte, que en la batalla diaria es el vencedor. Se diluye como el charco de agua en la alcantarilla al compas del calor, se evapora, se va. Su ausencia allana el camino, despeja el bosque interior, donde en el fondo en un oscuro recoveco se acurruca la figura pequeña, vulnerable y tierna. Su imagen nos evoca un rostro conocido, unas manos amigas, un rictus impreso en el mapa de la memoria. La palma de la mano se extiende amistosa, levanta suave y con lentitud la pequeña figura, en un instante se alejan unidas, caminan, se van

miércoles, 24 de febrero de 2010

UN BESO

La confundí con una mariposa, leve aleteo que rozó mis labios, mis pómulos. Mis párpados cerrados sintieron un suave gemido, un latido se incorporó al ambiente. Quise romper el hechizo y entreabrí fugazmente mis ojos, intuí unas alas coloreadas, intuí de refilón una sombra en movimiento. Desperté del sueño entre brumas y desconciertos. Desperté asombrada de las sombras alargadas, del olor de las flores saturando el ambiente, de las mariposas celestes compañeras impenitentes del romántico desvelo. Desperté sola, sintiendo una ansiedad inconsolable. Añorando el aleteo, el roce, el beso esquivo, el beso fraudulento,

miércoles, 20 de enero de 2010

¿Cómo pudimos?

Ser boca o bocado, cazador o cazado. Ésa era la cuestión.
Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperie enemiga, nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daba terror. Éramos los bichos más vulnerables de la zoológía terrestre, cachorros inútiles, adultos pocacosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo.
Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece, estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos.
Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capaces de sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización de sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?

Eduardo Galeano