viernes, 26 de febrero de 2010

SE FUE

con la luz pariendo entre los visillos, se fue. La compañía aferrada durante tantos años, la compañía hostil. Desde una esquina del dormitorio mira con ojos sarcásticos porque sabe que es más fuerte, que en la batalla diaria es el vencedor. Se diluye como el charco de agua en la alcantarilla al compas del calor, se evapora, se va. Su ausencia allana el camino, despeja el bosque interior, donde en el fondo en un oscuro recoveco se acurruca la figura pequeña, vulnerable y tierna. Su imagen nos evoca un rostro conocido, unas manos amigas, un rictus impreso en el mapa de la memoria. La palma de la mano se extiende amistosa, levanta suave y con lentitud la pequeña figura, en un instante se alejan unidas, caminan, se van

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