miércoles, 28 de mayo de 2008

Aceitunas recién arrancadas del árbol

Ayer me contó una amiga como sus despertares eran tan amargos como comerse una aceituna recién arrancada del árbol. Como, su boca amanecía seca como el esparto. Como, cuando ojeaba a través del vidrio de su ventana el día luminoso y apetecible ella lo veía gris y roñoso. Como, la ausencia en el hueco de su cama se le instalaba en el hueco de su alma. Ayer me comentaba una amiga que la presencia continúa del otro en sus retazos de vida había desaparecio y, como, su cuerpo se había hecho añicos al igual que un trozo de vidrio al caer al suelo y desparramarse en mil pedazos. Yo escuchaba y entendía , ¿por qué quién no ha sufrido el abandono y la pérdida en algún recodo del camino?. Como dicen los sabios, todo se va transformando, de la amargura y la rabia se pasa a la tristeza y al dolor, y paso a paso lentamente, parando en una y en otra estación todo se va dejando atrás y por un pequeñito agujero se va filtrando un leve destello de luz y el deseo de seguir disfrutando, peleando, aprendiendo, y, ¿ quién sabe?, tal vez volver a amanecer con la boca seca y áspera del rastro de las aceitunas recién arrancadas del árbol.

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